Discurso de Ingreso del Académico Numerario Excma. Sra. Dª. Isabel Estapé Tous en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras
DESCRIPCION Y SITUACION ACTUAL
Hemos adelantado que la ayuda al desarrollo ha sufrido un cambio notable desde aquellos ya lejanos años 50 en los que se inició de forma organizada y no sólo por la vía caritativa. Muchos son los aspectos en los que ha mejorado, pero muchos son en los que las deficiencias han aflorado. Mencionábamos la mutación que el mundo bipolar ha significado para la ayuda de los países que se englobaban en uno u otro sistema así como la etapa descolonizadora sufrida por otros. Sin embargo otros factores como la globalización, donde los mercados se han integrado de forma generalizada, han conseguido que la pobreza deje de ser contemplada como un problema para quien la padece, sino como un problema de todos. Pero junto a estos cambios más propios del contexto y de la política internacional, hemos vivido también en estos años un cambio en la doctrina del desarrollo: hasta hace poco se consideraba que esta política debía estar dirigida por los Estados, tanto receptores como donantes y la iniciativa privada debía ser proscrita, quizás por una falsa concepción de los planteamientos de las multinacionales en muchos de los países del Tercer Mundo, tanto en el S.XIX como en buena parte del S.XX. Una vez más la experiencia está demostrando que las capacidades transformadoras del sector privado suelen ser superiores y más eficaces que las del sector público y desde los años 80 las políticas económicas neoliberales están dejando atrás todas las actividades llevadas a cabo por los Estados: las fuerzas del mercado se abren paso y Adam Smith se sorprendería al ver sus aportaciones ideadas para el crecimiento de la que entonces era la primera potencia económica del planeta, aplicadas a erradicar la pobreza de las entonces colonias británicas y especialmente de las del sudeste asiático. Los últimos años parecen haber suavizado estas posiciones pero se sigue considerando que el sector privado es el más adecuado para transformar las iniciativas creativas en proyectos empresariales y así crear tejido económico que genere renta y empleo.
El Estado debe salvaguardar la seguridad jurídica como instrumento clave para que la inversión privada no retroceda y las cada vez más importantes organizaciones civiles, deben conseguir que la sociedad se transforme en más participativa, que deje de pensar que sólo las ayudas internacionales pueden transformar sus vidas, que la democracia se abra paso de forma realmente sólida y que la corrupción no sea un obstáculo añadido a las numerosas deficiencias estructurales de estos países. Más adelante la seguridad jurídica, como factor clave en la lucha contra la pobreza, se abordará pero también se estudiará la necesidad de que la iniciativa privada no reste recursos a la financiación de estas sociedades en el mundo de los mercados de capital, por el mero hecho del mayor riesgo que la devolución de los créditos puede ocasionar. En este sentido se está abriendo paso cada vez más la teoría de que estas posibles limitaciones deben ser compensadas por lo que ha venido en denominarse, la gestión de los bienes públicos globales, consistente en la seguridad de que muchos de los recursos existentes en el planeta no deben ser considerados como propios de aquellos países en que se encuentran ubicados, sino que son propios de la esfera internacional: de allí la enorme importancia que organismos internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y como no, la ONU, lo tengan en cuenta. Detengámonos brevemente en el caso del Banco Mundial dado que el mismo tiene como objetivo reducir la pobreza mediante apoyos económicos a las naciones en desarrollo y mediante la concesión de créditos y préstamos a bajo interés : creado en 1944 e integrado por 184 países con oficinas en 109 de ellos, con un personal superior a las 20000 personas de las que 10000 son funcionarios, el Banco Mundial concedió en el año 2005 cerca de 16000 millones de euros para 245 proyectos en países en vías de desarrollo. Sin embargo no ha cesado de recibir críticas a lo largo de los años tanto por su excesiva burocracia como por el hecho que preste dinero a regímenes que violan los derechos humanos básicos.
A la vista de estas consideraciones cabe preguntarse cuál es la situación con la que nos encontramos en la actualidad y sobre todo, cómo vamos a combatirla después de haber afirmado que el éxito en la lucha contra la pobreza es posible.
Necesitamos ante todo rebatir falsedades, que en esta lucha, han arraigado en la sociedad occidental: en efecto, y en primer lugar, no es cierto que cada vez haya menos pobres en el mundo. Lo que sucede es que el descenso no ha sido equilibrado en todas partes del planeta y mientras en el este asiático la cifra se ha dividido por tres, en el África subsahariana se ha multiplicado por dos. Otra de las imprecisiones a la que nos enfrentamos suele ser la de considerar que Africa recibe mucho dinero del primer Mundo, cuando en realidad la cantidad recibida por habitante de este continente por parte del mundo rico no ha superado en el año 2002 los 12 dólares per cápita.
Si analizamos el cuadro anterior, extraído del último informe del Banco Mundial, observaremos que la pobreza no solo no ha disminuido sino que en algunos aspectos ha empeorado. En efecto si identificamos pobreza con aquellas personas cuyos ingresos no superan 1 dólar al día, la llamada pobreza absoluta, veremos que en 1998 las personas que se hallaban en esta situación alcanzaban los 1200 millones en todo el mundo, es decir casi la cuarta parte de la población mundial, y gran parte de la misma se ubicaba en Asia Oriental (23%), Asia Meridional (44%) y África Subsahariana (24%) En estas dos últimas zonas es donde se encuentran los focos de intensidad mayor ya que el porcentaje que representa la pobreza en sus respectivas poblaciones es enorme: ¡casi la mitad!. Si resulta positivo apreciar que en una década la intensidad de la pobreza absoluta a escala mundial ha descendido, ya que del 28% se ha pasado al 24%. No obstante estas cifras son engañosas ya que debe hacerse abstracción del fenómeno chino, puesto que este país ha vivido un crecimiento económico sin parangón en la historia y no debe olvidarse el enorme porcentaje que la población china representa en el total mundial. Son 1400 millones de chinos, entre los cuales ya se habla de más de 40 millones de chinos que pueden ser calificados según las coordenadas de Occidente, como millonarios. Hoy el mercado chino ha roto todos los esquemas .
Por lo tanto todo esfuerzo es poco si lo que se pretende es realmente erradicar la pobreza a nivel mundial. Pensemos que en estos momentos los fondos que la OCDE pone a disposición de la AOD, son sólo un 30% superiores a aquellos destinados a financiar proyectos estructurales en el seno de la Unión Europea y de los que países como España se han visto tan beneficiados. El problema radica en que estos fondos van dirigidos a una población de escasamente 200 millones de personas, población que por otro lado no deja de reducirse, mientras que los beneficiarios de la AOD rondan los 5000 millones de personas y no dejan de aumentar.
Estos datos resultan pues escalofriantes a nivel global. ¡Qué decir cuando el análisis se refiere al nivel de distribución de la renta!: algunas cifras esclarecedoras al tiempo que terroríficas y que no por sabidas no sea necesario recordar. La participación en el ingreso mundial del 20% más pobre de la población mundial se redujo en los últimos 30 años del 2,3% al 1,4% mientras que, la participación del 20% más rico aumentó del 70% al 85%. Un dato más: la distribución de la renta ha pasado de ser del 1 a 30 a principios de los 60, a ser del 1 al 60 a finales de la década de los 90. Por lo tanto la desigualdad social no sólo no se ha reducido sino que no ha dejado de crecer, en otras palabras se ha profundizado la brecha entre los segmentos de la población. No obstante aquí cabría preguntarse si desde "una perspectiva ideológica neutra" ¿es esto posible? para la Teoría Económica debería serlo, no así para la Política Económica si esta creciente desigualdad en la distribución tiene que ser un impedimento para suprimir la miseria. En otras palabras si los avances técnicos acontecidos en las últimas décadas podrían ser suficientes para conseguirlo sin perjudicar a de las sociedades ricas. Puede parecer esta una posición económica impopular pero creemos que imprescindible para que el Primer Mundo se involucre de lleno en el objetivo que perseguimos al no ver su status económico afectado. ¿Puede realmente desde una perspectiva económica y jurídica lograrse?. Intentemos demostrar la viabilidad de nuestro objetivo.
Isabel Estapé Tous
De la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras
Notaría de Madrid, España
Office of a notary, Madrid, Spain
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