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Isabel Estapé Tous
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“SABER DECIR QUE NO A TIEMPO..., SEÑORA MINISTRA”.
España está inmersa en la mayor recesión económica de su historia contemporánea, y quizás de toda su dilatada historia. Cuando la economía ocupa y preocupa a casi toda la sociedad que asiste indefensaa su hundimiento después de haber creído, de forma acertada o errónea, que pertenecía a una de las sociedades más prósperas del planeta, resulta sorprendente no encontrar voces en el ámbito económico que clamen, que exijan, que aporten, que luchen, por encontrar soluciones tendentes a que los poderes políticos escuchen a los economistas y tomen sus decisiones al amparo de sus criterios. En estos tiempos en que parece que las únicas medidas posibles son las keynesianas no estaría mal acordarse de lo mucho que le gustaba a Lord Keynes comparar la economía con la medicina: “los economistas terminarán por ser técnicos útiles a la sociedad a la manera de los dentistas, prescribirán recetas y consejos gracias a los cuales se corregirán dolencias como el paro y la inflación “. Pero ¿por qué nadie discute al dentista su decisión de ponernos un implante y sin embargo todos opinamos en el terreno económico cuando es necesario no fijar un implante sino sustituir la dentadura entera? He pretendido, con esta anécdota, transmitir que el primer ABC para luchar contra la crisis es saber decir que NO, o lo que es lo mismo en este contexto, contener el déficit público. Quizás la percepción ciudadana en un primer momento sea negativa ante “un apretarse el cinturón” por parte del Sector Público y más en un país que ha superado los tres millones de funcionarios y que cuenta con diecisiete autonomías No obstante puedo asegurarles que todos los individuos, tanto ocupados como desocupados, se beneficiarán de ello a medio y a largo plazo y que las medidas de ajuste que deben adoptarse son más fáciles de ejecutar en un principio de legislatura que cuando ésta llegue a su fin y se inicia el proceso electoral. Por lo tanto manos a la obra: sentemos a los agentes sociales y expliquémosles el futuro que les espera a los españoles si todas las partes no ceden en sus posturas. Contémosles que Joan Robinson, esta economista ecléptica de corte keynesiano pero coincidente en muchos planteamientos con los postulados marxistas, ya nos decía que a las empresas hay que motivarlas porque si carecen de “espíritu anímico” no habrá crecimiento económico, y para ello hay que ser capaz de impulsar las condiciones técnicas, la investigación, la mejora en la educación (la gran asignatura pendiente de la política española). Centrémonos e invirtamos en aquellos sectores con recorrido: tecnología, electricidad, medio ambiente, telecomunicaciones. Pensemos que los sujetos económicos enfermos (llámese sector ladrillo), no nos sacarán de la actual crisis. Como a todos los enfermos graves lo cuidaremos pero evitemos los subsidios siempre inútiles (a los estudiantes de ciencias económicas siempre les repetimos que las palabras subvención y subsidio deberían desterrarse del vocabulario económico) y no sólo no se acomete este empeño sino que parece multiplicarse. Ha llegado la hora de las soluciones drásticas, en palabras del premio nóbel de Economía, Solow, medidas contundentes. Puestos a ser intervencionistas, que no proteccionistas ni estatalistas, puestos a incrementar el déficit, hagámoslos con herramientas que consigan efectos positivos lo antes posible, ya que la economía goza de un componente psicológico importante que es clave tanto en épocas de euforia como de depresión económica. ¿Por qué no destinamos una cantidad del gasto público a pagar las enormes deudas que los ayuntamientos han contraído con las pequeñas empresas a las que tienen ahogadas, en lugar de financiar “bombillas” o meros proyectos carentes de sentido que a medio plazo acarrearán más gastos de mantenimiento? Pero no olvidemos que este tipo de políticas intervencionistas tienen que ir acompañadas de liberalizaciones. ¡Cómo no estar de acuerdo con las declaraciones realizadas hace pocas fechas por el gobernador del Banco de España, al que creo que ningún economista tachará de ser conservador, en sus postulados en relación a la liberalización del mundo laboral! (hemos perdido un 30% de competitividad frente a Alemania). Pero también unifiquemos las políticas económicas de las distintas comunidades autónomas que componen el territorio español. Si la empresa schumpeteriana tiene que ser el motor de reactivación del tejido económico de nuestro país, reduzcámosle los impuestos de forma provisional. Isabel Estapé Tous
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Isabel Estapé Tous
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